miércoles, 10 de septiembre de 2008

Galletas de queso de Claude Monet

Muchos son los artistas aficionados a la cocina, como Leonardo da Vinci, Alejandro Dumas, Oscar Wilde, Rossini o Claude Monet.

Monet, uno de los máximos representantes del "Impresionismo" élaboró su propio cuaderno de recetas. Aquí dejo una simple receta de una galleta de queso.

Galletas de queso


Mezclar bien 200 g de queso blanco y un huevo entero, añadir 100 g de harina poco a poco revolviendo bien: Cuando la mezcla esté homogénea, formar pequeñas galletas. Extenderlas con la mano y pocharlas en mantequilla caliente.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Huevos fritos

Huevos fritos

Según Ángel Muro en “El Practicón”

Se fríen los huevos en manteca de cerdo o en aceite; cuestión de gusto, manía o presupuesto; pero fríanse en lo que o con lo que se quiera, se han de freír lo mismo; porque, aceite o manteca, han de estar preparados para la operación de modo que el aceite esté desprovisto de su mal olor y sabor acre, y la manteca enteramente anhidra, es decir, sin agua.

Deben hacerse los huevos fritos uno a uno, y servirse a medida que se van haciendo, y en el acto, desde la sartén al plato.

En una sartén grande, mejor que pequeña, se echa el aceite o manteca en cantidad de diez veces mayor que el volumen de un huevo, y esto para freír media docena, que si fuera más sería preciso añadir líquido durante la operación, si ésta no se empezó, calculando las cantidades.

Se rompe el huevo, se echa la clara en una taza y la yema en otra, se agita ligeramente la clara sin batirla y se pone la sartén sobre fuego vivo.

Caliente el líquido, aceite o manteca, humea luego con un vapor tenue, que toma el color parduzco, para trocarse en ese humo azulado, característico de todas las grasas cuando se inicia en ellas la ebullición.

Pues bien; en ese momento, que el que quiera puede llamar histórico, se retira la sartén del fuego, se vierte la clara al hilo, desde un palmo de altura, como si se transvasara, y hecho esto, de un golpe, sin perder tiempo y con suma rapidez, se arroja la yema en el medio de la clara. Se tapa la sartén, y en tres minutos después se quita la tapadera y se saca el huevo frito, colocándolo en el plato en que se ha de comer.

Nada de sal, ni un puntito, como vulgarmente se dice: el consumidor ha de ponerla a su gusto.
El huevo así frito, es el huevo frito según ritual.

Mide en el plato un diámetro de 10 a 12 centímetros. La clara blanca, limpia y trasluciente, cubre con una telilla la yema, completamente esférica y bien cuajada, y el anverso del huevo estará ligeramente tostado.

Del mismo modo se sigue la operación para ir friendo cada huevo hasta lo infinito, porque el que hace un huevo hace ciento.

Véase como lo más fácil, según todo el mundo, resulta ser lo más difícil en cocina. Buena prueba de ello, que serán poco los mortales de ambos sexos que no hayan hecho alguna vez, sin ser cocineros, un par de huevos fritos, o que no se atrevan a hacerlos; pero el sistema empleado por ellos es que podría llamarse de mogollón, o huevos fritos mal fritos.

Huevos fritos mal fritos

Se casca un huevo y en seguida otro, se zambullen en el hirviente líquido, que recibe a la pareja con una algazara que recuerda las primeras notas del himno de Riego. Júntanse las yemas si son amigas, o huyen si están de monos, para cuajarse en las claras, cuya vista y estructura dejan mucho que desear.

A esto se llama un par de huevos fritos, y con efecto, dos huevos son, y fritos están, y por ende se comen con gusto -yo el primero;- pero aquí trátase en este libro, del precepto técnico aplicado a la práctica, y no de lo que comunmente se hace.

jueves, 28 de agosto de 2008

Infusión de bacalao

Infusión de bacalao.

Infusión de bacalao.

· 250 grs. de aceite (Elosua)

· 3 dientes de ajo y una punta de guindilla

· 1 l. nata

· 200 grs. de leche

· 700 grs. de bacalao desalado

· 2 hojas de gelatina

Doremos los ajos (cortamos fino) y la punta de guindilla en los 250 grs. de aceite. Una vez bien dorado colamos y aprovechamos solamente el aceite. Rehogamos el bacalao en ese aceite a fuego muy lento, de forma que se ligue la gelatina del bacalao con el aceite. Añadimos la leche y la nata y dejamos cocer durante unos 10 minutos a fuego lento, lo ponemos a punto de sal. Lo dejamos reposar tapado unos 15 minutos más. Cuando esté tibio, le añadimos la gelatina y colamos por un chino estrujando bien los trocitos de bacalao. (Este bacalao lo podemos usar para hacer unas croquetas). Una vez bien frío lo volvemos a pasar por el chino.

Mermelada de naranja.

Usaremos mermelada de naranja ya comprada y le añadiremos unos bastones de naranja confitada cortado en trozos pequeños.

Pondremos un poco de mermelada en el fondo del plato y encima un par de cucharadas de infusión de bacalao-

Gajos de naranja en P.X.

En un cazo reducimos un poco de Pedro Ximénez, le añadimos zumo de naranja y dejamos reducir.

Pelamos las naranjas y sacamos los gajos, cortamos en unos cuatro trozos cada gajo. Añadiremos los gajos sobre la reducción de P.X. con naranja.

Pondremos un trocito de naranja sobre la infusión en centro del plato.


Avellana americana.

Pelamos las avellanas y cortamos a la mitad. Horneamos y reservamos. Pondremos un par de mitades de avellanas, una a cada lado del trocito de naranja.

Aceite de trufa.

Picamos muy finamente una trufa, le añadimos un poco de aceite de oliva y un poco de aceite de trufa. Echaremos un poco de aceite con trufa alrededor de la infusión.

Bastones de pan tostados.

Cortaremos pan en bastones muy finos y con una altura de unos tres cm. Lo hornearemos con un poco de aceite de trufa. Reservaremos. Pondremos sobre la infusión unos bastones de pan.

Hojita de perifollo.

Finalmente decoraremos con tres hojitas de perifollo.

jueves, 21 de agosto de 2008

Tarta de pimientos rojos con caballa

Tarta de pimientos rojos con caballa

Santi Santamaría

Ingredientes

4 rectángulos de pasta filo (de 10 * 20cm con 4 capas)
2 pimientos rojos medianos
2 caballas medianas
1 cc semillas de comino
1 cs de perejil picado
1 cs de escalonia
1 cs de alcaparras
4 cs de aceite de oliva
Sal y pimienta
Mantequilla

Elaboración

Cortar las cabezas de las caballas y retirarles las tripas. Limpiar de restos de sangre.

Marinar las caballas enteras y cubiertas de sal gorda durante 15 minutos. Limpiarlas y filetearlas.

Retirar la película que recubre la piel de los filetes y cortar parcialmente en escalopes pequeños. Dejar el filete abierto entre escalope y escalope.

Asar los pimientos y, una vez en su punto, pelarlos y despepitarlos.

Pintar con mantequilla clarificada los rectángulos de pasta filo. Hornearlos a 180 ºC durante 15 minutos.

Cortar a tiras los pimientos y aliñarlos con el comino, la escalonia, el perejil, las alcaparras, sal y pimienta y el aceite de oliva.

Montar los pimientos encima de la pasta filo. Disponer encima la caballa y hornear 2 minutos a 200 ºC.

lunes, 11 de agosto de 2008

La Mère Brazier


La mère Brazier, Eugénie Brazier.

(1895 - 1977)

En Bough-en-Bresse, Ain, el 12 de junio de 1895 es día de mercado. De pronto, Claudine Brazier siente dolores de parto. Rápidamente la conduncen a casa de su madre donde traerá al mundo a la pequeña Eugénie.

Así nació Eugénie Brazier, rápidamente, entre dos faenas, y así vivirá siempre, trabajando, siempre sufriendo, hasta febrero de 1977, en que se apagará tras una corta jubilación.

Muchas son las “mères”, esas amas de casa de la cocina burguesa, llenas de carácter, pintorescas, que han dado fama a la región lionesa: la Mère Guy, la Mère Buisson, la Mère Filloux… Pero entre todas, la Mère Brazier marcó profundamente la cocina francesa.

Los padres de Eugénie explotan una granja cerca de Pont-d´Ain. La vida es dura y desde los cinco años, la niña se ocupa de los animales. Pierde a su madre a los diez años y la colocan en otra granja. A las veinte años, entra al servicio de una gran famila de Lyon y se inicia en los fogones. Rápidamente, la cocina se convierte en su pasión y deja su empleo para entrar en el restaurante de la Mère Filloux. Aparte de la cocina, aprende la manera de llevar un comercio. Pero el carácter de Eugénie choca con el de la mère Filloux y se marcha a La Brasserie du Dragon, famoso restaurante. Así comenza su reputación en la ciudad de la seda.

En abril de 1922, Eugènie Brazier decide instalarse por su cuenta y coge un colmado donde acepta algunos huéspedes. Progresivamente, la clientela acomodada de Lyon acude para apreciar la cocina simple pero perfecta de la Mère Brazier. Tras una breve interrupción por razones de salud, se compra un caserón, en el Col de la Luère, cerca de Lyon. Es el comienzo de la gloria y cuando en 1933, la Guía Michelín atribuye por primera vez sus famosas tres estrellas, la Mère Brazier recibe esta distinción.

Todos los famosos acuden a probar la poularda demideuil. Los menús varían poco, pero todo es perfecto. La cocina es simple, los productos de primera calidad y la mantequilla reina, pero con discernimiento.

Es exigente consigo misma pero también con los demás. Paul Bocuse entrará como pinche de cocina en 1946. Será una buena escuela. Con tenacidad Brazier transforma, construye y al cabo de tanto tesón, se retira cerca de su Col de la Luère. Lejos de los fogones, se aburre y demasiado pronto, la enfermedad se la lleva, en febrero de 1977.

Documentación de la Fundación Escoffier.

viernes, 8 de agosto de 2008

Crême Brulèe


Crême Brulèe

525 grs. de nata
225 grs. de leche
150 grs. de azúcar
180 grs. de yemas (9 yemas)
1,5 vainas de vainilla

Calentamos todos los ingredientes menos las yemas hasta unos 80º C. y lo dejamos infusionar. Dejamos enfriar, mezclamos con las yemas y cocemos en el horno al baño maría a 100 ºC. El tiempo irá en función del tamaño, adquiriendo la textura de flan. Las guardamos en la nevera, y una vez que las vayamos a consumir las caramelizarmos.

miércoles, 30 de julio de 2008

El verdadero Rabelais

RABELAIS Y LAS HAZAÑAS DE GARGANTA Y PANAGRUEL

Por Anatole France

El verdadero Rabelais

La tradición opera las más extrañas metamorfosis y logra imponer a los héroes que recuerda una vida póstuma distinta, y hasta opuesta muchas veces, a lo que fue realmente su vida mortal. Rabelais nos ofrece un ejemplo interesante. Se popularizó su inmerecida y mentirosa fama de intrépido bebedor. No deja de ser interesante, después de presentar al Rabelais verdadero, añadirle algunos rasgos atribuidos al Rabelais de la leyenda; para lo cual me limitó a elegir dos o tres embusteras fábulas que se encuentran en todas las viejas biografías de nuestro autor, y las referiré lo más rápidamente posible por una de las más fabulosas, relacionada con la última estancia de Francisco Rabelais en Montpellier.

Mientras allí progesaba la medicina, dice la leyenda, el canciller del Part publicó un decreto que abolía los privilegios de la Facultad de Montpellier. Los maestros recurrieron para defender sus cátedras y sus enseñanzas y solicitaron del tribunal la casación de la sentencia que los perjudicaba. Llegado a París, Rabelais se presentó en el hotel del canciller y, como no fue recibido, volvió a pasearse ante la puerta con una túnica verde y una larga barba gris postiza. A todos los que se detenían curiosos para contemplarle, si le interrogaban al fin les respondía que era desollador de vacas y que los aspirantes a ser los primeros desollados se aproximasen a decirlo. El canciller estaba en la mesa cuando le notificaron las extrañas razones de aquel hombre extravegante, y ordenó que le hicieran entrar. Entonces, Rabelais supo arengarle con tanta elocuencia, que el canciller le prometio restablecer y confirmar a su gusto los privilegios de la Universidad de Montpellier.

Me parece inútil insistir en la inverosimilitud de tal relato.

Se lee también en las antiguas vidas de nuestro autor, un rasgo que recuerda el episodio del médico de Sancho Panza en la ínsula Barataria:

Rabelais, médico de Guillermo del Bellay, al presenciar una comida de este señor, señaló con su varilla un plato que contenía un hermoso pescado, y lo declaró indigesto. Al oír su opinión los criados volvieron intacto a la cocina el pescado, que Francisco Rabelais fue luego a devorar; y cuando el señor del Bellay sorprendió a su médico muy ocupado en esa tarea y le preguntó por qué razón comía de lo que había declarado perjudicial para el estómago, Rabelais respondió: "No era el pescado lo que yo señalé con mi varilla designándolo como indigesto, era la fuente que lo contenía".

He aquí de qué modo procuraban nuestros progenitores presentar lo más rabelesiana posible la vida de Rabelais.

También hay que referir, aunque sea ínsipida y chocante, la famosa historiera que ha dado lugar a un dicho: "el cuarto de hora de Rabelais", ya que pasó al uso corriente.

De regreso de Roma, nuestro autor se hallaba en una posada de Lyon desprovisto de ropa y sin dinero para pagar el hospedaje y regresar a París donde le reclamaban asuntos urgentes. En esa conjeturas cogió ceniza de la chimenea, la encerro en saquitos sobre los cuales puso los siguientes letreros: "Veneno para el rey"; "Veneno para la reina"; "Veneno para el duque de Orléans". Después dejó los saquitos en un lugar aparente por lo cual no tardó en descubrirlo la posadera y, espantada, fue a encontrar al jefe de policía, quien mandó inmediatamente a París al hombre de los saquitos el cual, llevado ante el rey, le hizo reír mucho con el relato de su industria.

Resulta exttraño que semejante cuento se considerase creíble.

Por fin se dieron en otro tiempo como auténticas unas frases que Rabelais, moribundo, había dicho a un paje enviado por el cardenal para enterarse de la salud del enfermo. "Di a monseñor el estado en que me ves. Voy en busca de un acaso famoso. Esta en el nido de la urraca. Dile que se conserve; y ahora corred la cortina, porque la comedia ha terminado". Esto es mucho más literario que lo anterior y en parte imitación de Suetonio. Pero también es completamente falso.

La popularidad de Rabelais se funda sólo en las tres o cuatro historietas que acabo de referir. Nunca sus escritos penetraron en las muchedumbres, y aunque apenas sea creíble, no deja de ser absolutamente cierto; las estampas populares y la biblioteca azul que extendieron por la campiña de Francia el retrato y vida de Gargantúa, no presentan ningún rasgo propio de nuestro autor; se inspiran en narraciones populares anteriores a Rabelais, y ni Panurgo ni el hermano Juan figuran en ellas. Por más que se haya dicho acerca de su popularidad, el Pantangruel es un libro escrito únicamente para letrados. El pantagruelismo es una filosofía solo accesible a un grupo de espíritus selectos; es casi una doctrina esotérica, oculta, secreta. En el siglo XVI, entre esos raros ingenios descollaba el cardena Du Perron que llamó al Pantagruel libro por excelencia, verdadera Biblia, y mandada a comer en la seguna mesa, con la servidumbre, a los invitados que declaraban no haberlo leído.

El último viaje de Pantagruel

El último viaje de Pantagruel

(...) Después de la última escala en el país de la Mentira, Pantagruel y sus compañeros llegan por fin al término de su viaje. Desembarcan en el país de las Linternas, cuya descripción está tomada de la Historia Verdadera, de Luciano.
El Linternado es un país de linternas vivas. La reina es una linterna de cristal de roca damasquinada de sangre y guarnecida con gruesos diamantes. Las linternas de sangre real son de alabastro ordinario. Todas las obras de cuerno, de papel o de tela encerada. Sólo una de ellas es de tierra cocida, como un puchero: la linterna de Epicteto que, según dice Luciano, fue vendida por tres mil denarios a un curioso.
Los pantagrruelistas comieron invitados por la reina, y parece que se trata en este punto de un banquete filosófico y que aquellas linternas y aquellas antorchas representan la sabiduría y la virtud. Cuando termina el banquete, la reina concede a cada uno de sus comensales la elección de la linterna que deba guiarle. Y es Rabelais quien habla. ¿Qué otro sino Rabelais podría decir lo que vais a ver?
"Yo elegí y escogí la de mi predilección, la del famoso maestro Pedro Lamy, que me había sido muy provechosa en otro tiempo. También ella me reconoció y entonces me pareció divina, más propicia, más docta, más prudente, más diserta, más humana, más bondadosa, más capaz de conducirnos que ninguna otra de las que se hallaban con ella. Después de agradecer humildemente a la reina su obsequio fuimos hasta nuestro navío acompañados por siete jóvenes linternas histriónicas, cuando ya lucía la clara Diana."
¿Quién si no Rabelais podría escribir este párrafo exquisito? ¿Quién si no él podría recordar en esta docta alegoría al joven fraile que cuarenta años compartió en la abadía de Fontenay los estudios y los peligros con el hermano Francisco, y consultó con él los horóscopos virgilianos para saber si debía temer o no a los "duendecillos"? ¿Qué otro si no Rabelais podría pagar con esta generosidad al amigo de su juventud el tributo del recuerdo?
Pero henos aquí llegados al oráculo de la Divina Botella que se halla en una isla próxima del Linternado, donde una sabia linterna conduce a Pantagruel y a sus compañeros. Pasan primeramente por un extenso viñedo formado con todas las especies de vides, que lucen en todas las estaciones hojas, flores y frutos. La linterna sabia ordena a cada uno que coma tres racimos, que se ponga pámpanos en los zapatos y oprima en su mano un sarmiento verde.
En el extremo del viñedo se alzaba un arco antiguo adornado con trofeos de bebedor, bajo el cual se entraba a un cenador formado con pámpanos cargados de racimos, por donde pasaron los compañeros.
-Por un lugar semejante -dijo Pantagruel- no pasó jamás el pontífice de Júpiter.
-Por una razón mística -respondió la muy clara linterna-. Al pasar por aquí el pontífice del señor de los dioses, hubiera tenido los racimos, es decir el vino, sobre su cabeza, y podía parecer atraído y dominado por el vino. Los pontífices y todas las personas que se inclinan y se consagran a la contemplación de los misterios divinos, deben mantener sus almas en absoluta tranquilidad, ajena a toda perturbación de los sentidos, que se manifiesta más en la enbriaguez que en otras pasiones, sean las que sean. Tampoco vosotros seríais recibidos en el templo de la Divina Botella después de pasar bajo este arco, si Bacbuc, la noble sacerdotisa, no viese pámpanos en vuestros zapatos, lo cual significa que despreciáis el vino hasta el punto de hollarlo con los pies.
Descendieron bajo tierra por una bóveda donde había pintada una danza de mujeres y sátiros, como en la bodega Pintada de Chinon, primera ciudad del mundo. Al pie de la escalera se hallaron frente a una portalada de jaspe de orden dórico, sobre la cual estaba escrito en caracteres griegos granados en oro: En el vino está la verdad. Las puertas eran de bronce macizo con relieve cincelados, y podríamos reconocer en ellas una semejanza con las puertas del baptisterio del magnífico templo de San Juan de Florencia, que Miguel Angel proclamaba dignas de ser colacadas a la entrada del Paraíso, y que Rabelais había admirado mientras el hermano Bernardo Lardón de Amiens buscaba una taberna.
Se abrieron las puertas. Dos láminas de bronce indio de color azulado, ofrecieron de pronto a las miradas curiosas de los visitantes una inscripción en latín:
Ducunt volentem fata, nolentem trahunt.
Que el asutor tradujo de este modo: "Los destinos conduce al que los consiente, y obligan al que los rehusa".
Y esta sentencia griega: "Avanza todo hacia su fin".
El templo donde penetraron tenía el suelo de mosaicos que representaban pámpanos, lagartos y caracoles, y nuestro autor los describe como un hombre que ha visto atentamente mosaicos romanos. Sobre las bóvedas y los muros se veían, también en mosaicos, las victorias de Baco en las Indias, y al viejo Sileno seguido por jóvenes agrestes, cornudos como cabritos, crueles como leones, que no dejan de cantar cómica y lascivamente. Las descripciones de esos cuadros revelan el gusto de un admirador de obras antiguas, y sobre todo lector de Filostrato y Luciano. El número de las figuras (al mismo tiempo enorme y exacto: sesenta y nueve mil doscientas veintisiete de una parte, ochenta mil ciento treinta y tres de otra), responde perfectamente al proceder estadístico de Francisco Rabelais. La lámpara que iluminaba el templo, como si luciera el sdol, hallábase decorada por una franja de figuras que reproducían un combate infantil; y la mecha ardía luminosa sin que hubiera necesidad de renovar el aceite.
Mientras los viajeros admiraban estas maravillas, Babuc, sacerdotisa de la Divina Botella, escoltada por sus acompañantes avanzó hacia ellos con el rostro alegre y reidor, y los condujo a una fuente rodeada de columnas y cubierta de una cúpula, que se hallaba en medio del templo. Les distribuyó tazas y vasos y los invitó amablemente a beber. Cada uno de los bebedores encontró en el agua de aquella fuente el sabor del vino que imaginaba: vino de Beaune, vino de Grave, galante y vertiginoso, vino de Mirevaux más frío que el hielo; y cuando cambiaban sus imaginaciones, igualmente cambiaba el sabor. Luego la sacerdotisa revistió a Panurgo con el hábito de los neófitos admitidos en los misterios, y cuando éste hubo cantado algunos versos a manera de invocación, ella echó a la fuente unos polvos que la hicieron hervir y murmurar como un enjambre de abejas. Entonces resonó en los aires esta palabra:
¡TRINCA!
Y Babuc cogió suavemente del brazo a Panurgo al decirle:
-Amigo, debéis dar gracias a los cielos por lo que os ocurre, ya que oisteis tan pronto la palabra de la Divina Botella. Es la palabra más alegre, más animosa que oí en este recinto desde que soy la elegida del oráculo sagrado.
Después de hablar así, la sacerdotisa cogió un grueso libro encuadernado en plata, lo hundió en la fuente y dijo:
-Los filósofos, los predicadores y los doctores de vuestro mundo aturden vuestro oídos con hermosas frases. Aquí tenemos la costumbre de incorporar nuestros preceptos por la boca; es la razón de que ahora no os diga: "¡Leed este capítulo! ¡Ved esta glosa!", y os digo en cambio: "Saboread este capítulo. ¡Paladead esta glosa!" Hay un antiguo profeta de la nación judaica que se tragó un libro y se convirtió al momento en sabio hasta los dientes; muy priontgo beberéis uno y os convertiréis en sabio hasta el hígado. ¡Tened! ¡Abrid las mandíbulas!
Panurgo estaba con la boca abierta y Babuc sacó de la fuente el libro de plata. Suponemos que fuera verdaderamente un libro por su forma que era como la de un breviario, pero en realidad se trataba de un venerable, verdadero y natural frasco lleno de vino de Falerno que ella vació en el gaznate de Panurgo.
-He aquí -dijo Panurgo- un capítulo notable de una glosa muy auténtica-. ¿Eso es todo lo que significaba oráculo de la botella?
-Nada más -respondió Bacbuc-, porque TRINCA es la palabra dictada en todos los oráculos, celebrada y entendida en todas las naciones y quiere decir: ¡Bebe!
"No es reír sino beber lo propio del hombre; no digo beber simple y absolutamente, porque así beben también las bestias; digo beber vino agradable y fresco. Advertid, amigos, que de vino procede divino. No hay razón más cierta ni adivinación menos falsa. Vino, oinos en griego, significa fuerza, poder; porque el vino tiene el poder de llenar el alma con toda verdad, toda sabiduría y filosofía. Si advertisteis lo que se halla escrito en caracteres jónicos a la puerta del templo, habréis podido comprender que el vino es la verdad oculta. La Divina Botella os lo ha dicho. Sed vos mismo intérprete de vuestra empresa.
Así hablaba la sacerdotisa Bacbuc.
-No es posible - dijo Pantagruel- decirlo más claro que esta venerable sacerdotisa. Trinca puies.
-Trinquemos -dijo Panurgo.
¿Qué vino era ese que se tomaba en la fuente santa y que daba al espíritu energía y poderío? El autor no lo dice pero permite adivinarlo: no es el jugo de la viña en el sentido propio y literal; es la ciencia que en un espíritu recto enseña los verdaderos deberes y proporciona la dicha, por lo menos la que podemos prometernos en este mundo. No se trata ya de saber si Panurgo se casará o no, y si le engañará o no su mujer. El buen Pantagurel y su docta compañía no hicieron un viaje tan largo para descifrar un enigma que, después de todo, sólo interesa a Panurgo. Pantagruel y sus compañeros han ido a consultar a la Divina Botella acerca de la suerte de toda la Humanidad, y el oráculo les ha contestado TRINCA, es decir: "Abrevaos en el manantial del conocimiento. Conocer para amar es el secreto de la vida. Huíd a los hipócritas, a los ignorantes, a los malévolos y alevosos; libraos de los terreros infundados, estudiad al Hombre y al Universo; conoced las leyes del mundo físico y moral para someteros a ellas y solamente a ellas; bebed, bebed la Ciencia; bebed la Verdad, bebed el Amor""

martes, 22 de julio de 2008

Más frases

Las frases estan extraidas del libro "Más que tapas"

Más que tapas (frases)

Qu Hao:

“Siempre digo a mis jóvenes alumnos que para llegar a ser un gran cocinero nunca hay que dejar de aprender”

“La cocina local (*) debe absorber las experiencias de otros países, pero nunca se puede olvidar la esencia de tu propia gastronomía”

(*) en la frase original dice “cocina china”, pero lo he cambiado por local.

Gastón Acurio:

“Andalucía es la creadora de la fusión en España mucho antes de que se inventara el término”

“Para mí ser cocinero implica formar parte de una sociedad que debe, por medio de los fogones, cambiar el mundo”

“Los cocineros somos a nivel mundial un gran ejército, capaz de librar las más hermosas batallas para hacer felices a aquellos que comen lo que cocinamos”

Guillermo Rodríguez:

“El cocinero es un artista, es un individuo que trabaja todos los sentidos: el gusto, el olfato, la vista, el tacto y hasta el oído”

“Una cocina bien hecha es aquella en el que el pescado y las carnes están en su punto, las verduras al dente y las salsas son livianas. Es decir, que los sabores sean puros y delicados”

Álex Atala:

“Una receta se convierte en un plato excepcional gracias al conocimiento y al ejercicio de la profesión. No obstante, el sesenta por ciento de un gran plato son las materias primas: no hay grandes platos sin grandes productos”

Gabriel Kreuther:

“La diferencia entre los artistas del MoMA y lo que aquí hacemos los cocineros es que nosotros volvemos a empezar cada día, y a ellos les basta ser buenos una sola vez”

Yannick Allenó:

“Ayudo a preservar nuestro patrimonio gastronómico y le doy mucha importancia al trabajo de los productores porque, si no es así, dentro de quince años podemos encontrarnos sin productos”

“La cocina española es una cocina de emociones que enamora, pues sus chefs defienden y tratan sus productos con cariño”

Alain Dutournier:

“Creo en la cocina de mestizaje, que es el fruto del paso del tiempo, de invasiones, de la emigración, de la integración de usos y costumbres de diferentes pueblos. En definitiva, el mestizaje es producto de la historia”

Hermanos Pourcel:

“Un chef es alguien que va más allá de la cocina, que traslada un mensaje. Primero, su personalidad; luego, su cocina. El alma de nuestra cocina es el Mediterráneo”

Claus – Meter Lumpp:

“En cada país hay una cultura unida a la cocina y yo quiero, a través de ella, ser partícipe de esa cultura de país”

Pierre Gagnaire:

“Comparo el trabajo de alta cocina con el de una figura del toreo. Cada vez te juegas todo a cara o cruz. Pones el corazón, tu pasión y oficio pero hay imponderables para el torero, el toro pero también el viento y el público; los productos, un error del equipo de sala un mal día y también el público, en el caso del chef”

Dani García:

“Hago una cocina cien por cien andaluza porque Andalucía merece la pena ser cocinada”

Kisko García:

“Para mí, la cocina no es algo metódico, sino que tiene que ver con los sentimientos. Es algo espiritual y artístico”

Ángel León:

“Aunque haga investigaciones y sea… digamos diferente, no puedo ni debo olvidar que soy un cocinero, y la humildad es fundamental para mantenerse”

Paco Roncero:

“El amor que sentimos por la cocina es lo que nos motiva a hacer cosas y evolucionar, siempre con coherencia, que es algo que muchos han perdido por el camino”

Pedro Subijana:

“Creo que la experiencia consiste en dar siempre un paso más allá de lo que en ese momento tú crees que es lo mejor”

Carme Ruscalleda:

“La historia de la gastronomía es la historia del mundo”

martes, 15 de julio de 2008

Infusión de parmesano cuajado, lágrimas de trufa, fideos de pan tostados en mantequilla y sisho

Infusión de parmesano cuajado, lágrimas de trufa, fideos de pan tostados en mantequilla y sisho

Receta de Josean Martínez

Ingredientes de la infusión de parmesano
2,5 dl. de leche cruda de oveja
60 grs. de queso parmesano rallado
cuajo

Jugo de trufa
1 dl. de jugo de trufa negra (tuber melanosporum)
25 ml. de caldo de pollo
½ hoja de gelatina

Fideos de pan
4 rebanadas de pan de hogaza (1/2 cm. de grosor)
mantequilla avellanada

Otros
Hojas de shiso verde


Infusión de parmesano: calentar la leche en un cazo y el queso a fuego suave y calentar la mezcla hasta los 65 0 70º C, controlar la temperatura con el termómetro de precisión. Introducir la mezcla en un robot térmico: además de batir enérgicamente la mezcla, calentarla hasta 80º C. Cuando esté homogénea, colar y reservar. En el fondo de 4 platos hondos, verter 2 gotas de cuajo natural, derramar sobre este por un colador fino la mezcla de leche y queso a 65º C. Dejar reposar 15 minutos, para tiempo a que cuaje la mezcla y se temple. Reservar.

Jugo de trufa: En un cazo, calentar ligeramente el caldo y el jugo de trufa mezclados. Desleír ahí la gelatina previamente remojada en agua fría y escurrida. Dejar que se mezcle perfectamente y guardar bien tapado en la cámara frigorífica, hasta que adquiera cuerpo.

Fideos de pan: Quitar la corteza de pan con un cuchillo afilado. Cortar la en bastones alargados de unos 8- 9 cm., con cuidado de no romperlos. En una sartén con la mantequilla avellanada, dorar las tiras de pan hasta que queden bien tostadas. Escurrir sobre papel absorbente.

Presentación: Verter sobre el cuajado de queso una fina capa de jugo de trufa gelatinizado. Sobre el mismo, apoyar unas hojas de shiso y los bastones de pan tostados.

lunes, 7 de julio de 2008

Gelatina de yuzu

Bueno, parece que uno de los ingredientes de moda en la alta cocina es el yuzu. Si no lo usais es posible que no esteis a la moda, así que ahí os dejo un video que he encontrado con una receta de gelatina de yuzu

sábado, 5 de julio de 2008

Sardinas rellenas de huevas de arenque y verduritas con pan y tomate

Sardinas rellenas de huevas de arenque y verduritas con pan y tomate

Receta de Sergi Arola

Ingredientes para el marinado de las sardinas.
1 l. de agua de mar
300 c.c. de vinagre
una pizca de sal

Ingredientes para el relleno de las sardinas
1 zanahoria
1 rama de puerro
1 puerro pequeño
2 chalotas
1 manojo de cebollino
100 grs. de huevas de arenque

Ingredientes para el puré de tomate
1 kgr. de tomates maduros
100 c.c de aceite de oliva de 0,4º
10 grs. de sal

Otros ingredientes
10 sardinas medianas
4 rebanadas de pan de molde

Elaboración del marinado de las sardinas.
Fileteamos las sardinas aprovechando el lomo. Las vamos poniendo en agua fría para que desangren durante 30 minutos. Las escurrimos y las ponemos a marinar con el vinagre y el agua de mar durante 12 horas.

Cuando haya transcurrido ese tiempo, miramos si la cocción ha sido correcta (lo sabremos so la carne esta totalmente blanca), las escurrimos y las cubrimos con aceite de oliva de 0,4º durante 2 horas.

Elaboración del puré de tomate
Rallamos el tomate con la piel, los ponemos en un trapo y dejamos que escurran, luego los prensamos para que acaben de soltar el agua. La pulpa que nos queda en el trapo la pasamos por un colador fino y la ligamos con el aceite de oliva y la sal.

Elaboración del relleno de las sardinas
Picamos en cuadraditos muy pequeños toda la verdura y la mezclamos.
Picamos también el cebollino y lo añadimos. Incorporamos las huevas de arenque y reservamos la mezcla en la nevera.

Elaboración del pan tostado
Congelamos el pan de molde. Cuando esté congelado lo cortamos muy fino y lo ponemos entre dos papeles sulfurizados para cocerlo a 180º C durante 3 minutos.

Emplatado
Cubrimos la base de un plato sopero con aceite de oliva de 1º y dibujamos un cordón con el puré de tomate por encima del aceite.
Aparte, habremos escurrido y enrollado las sardinas, fijándonos en que la cola sea lo que cierre el rollito. Las rellenamos con la mezcla y las ponemos en el plato encima del tomate.
Acabamos el plato añadiendo encima de cada sardina un trocito de pan tostado.

lunes, 30 de junio de 2008

Gominolas de aceite

GOMINOLA DE ACEITE

Receta de Paco Roncero

INGREDIENTES

Gominola de aceite:
200 ml. de aceite de oliva de arbequina
100 ml. de agua
80 gr. de azúcar
100 gr. de Isomalt
20 gr. de glucosa
1 unidad de gelatina (cola de pescado)
2 unidades de vainilla en rama
Otros:
100 gr. de azúcar
5 gr. de ácido cítrico

ELABORACIÓN

Masa de gominola
Mezclar el agua, el azúcar, la glucosa y el isomalt en un cazo y calentar a 90º C durante 5 min. Añadir la hoja de gelatina y montar en vaso americano la mezcla anterior añadiendo poco a poco el aceite de oliva arbequina hasta que consigamos una mezcla homogénea. Abrir las ramas de vainilla a la mitad y extraer las semillas, que añadiremos a la mezcla anterior, y verter en una placa de 1,5 cm de alto. Dejar enfriar en la cámara refrigeradora.

Para la gominola
Cortar la masa de gominola en rectángulos de 3,5cm, pasarla por azúcar y poner unos granos de ácido cítrico por encima.

MONTAJE

Colocar en un pizarra


Ferran Adrià - Un día en El Bulli

lunes, 23 de junio de 2008

Pato bien azulón

Pato bien azulón

…pechugas de pato salvaje (azulón) acompañado de láminas crujientes de patata violeta.

Receta de Juan Mari Arzak.

El mojo azul

Ingredientes: 1 cebolla pochada, 1 patata violeta cocida, 2 rodajas de pan frito, 50 grs. de almendras fritas, 25 grs. de queso azul, 50 grs. de vermouth, 10 grs. de aceite de oliva virgen, c.s de sal, c.s de aceite.
Proceso: Triturar el conjunto de os ingredientes formando una pasta espesa. Reservar.

El pato azulón

Ingredientes: 2 unidades de pechugas de pato azulón, c.s. de sal, c.s. de jengibre, c.s. de regaliz, mojo azul.
Proceso: Retirar las pechugas al pato. Sazonar ligeramente y aderezar. Untar bien las pechugas con el mojo y cocinarlas a la plancha. Reservar.

La salsa

Ingredientes: 2 carcasas de pato, 3 cebollas medianas, 4 puerros, 1 ramillete aromático, c.s. de jengibre en polvo, c.s. de pimienta, 1 patata violeta cocida, c.s. de aceite rehogado de los propios huesos, c.s. de cebollino picado.
Proceso: Trocear las carcasas y dorarlas en una cazuela con aceite. Por otro lado cortar las verduras y pocharlas en aceite de oliva hasta que estén ligeramente doradas. Escurrir bien el aceite de las verduras, incorporar el ramillete aromático y añadir las carcasas. Rehogar bien el conjunto y cubrir de agua. Reducir. Colar, salpimentar y dar un punto de jengibre. Aparte realizar un aceite azul con el triturado de la patata y el aceite del rehogado de los propios huesos. En el último momento añadir unas gotas de aceite azul y cebollino picado a la salsa.

Los cristales azules

Ingredientes: 12 caramelos de violetas
Proceso: Entender los caramelos sobre una hoja de papel sulfurizado. Fundir en el horno con otra hoja de papel. Estirar bien formando unos cristales finos. Reservar.

Las láminas crujientes de patata violeta

Ingredientes: 4 patatas violetas, c.s. de sal, c.s. de pimienta, c.s. de jengibre
Proceso: Cocer la patata envuelta en papel film en el microondas. Pelarla y realizar un puré. Salpimentar y dar un punto de jengibre. Estirar este puré de una manera muy fina sobre las hojas de papel sulfurizado de 8*8 cm. y cubrirlas con otra hoja. Secar a 60º C. Una vez secas, retirar con cuidado los papeles y freírlas en aceite a 115º C sin dar color.


La base azul de las láminas crujientes

Ingredientes: 2 patatas violetas, c.s. de aceite de oliva, c.s. de sal, c.s. de pimienta, c.s. de jengibre en polvo.
Proceso: Cocer las patatas envueltas en film en el microondas. Pelarlas y realizar un puré de patatas al que añadiremos el aceite de oliva. Salpimentar y dar un punto de jengibre.

Acabado

Ingredientes: Pensamientos violetas
Proceso: A un lado colocar la base azul en varios montoncitos. Sobre ellos, “clavar” una lámina crujiente. A su lado la pechuga de pato azulón ligeramente salseada. Acabar con los cristales de violeta acompañados de unas hojas de pensamientos.

sábado, 14 de junio de 2008

"Chantilly de foie gras" de Hervé This

La “Chantilly de foie gras” de Hervé This

200 grs. de foie gras crudo
60 grs. de caldo de gallina
40 grs. de Oporto tinto
1 hoja de gelatina (2,5 grs.) rehidratada en agua con hielo
Sal y pimienta

Pasar el foie por un tamiz y reservar.

Calentar el caldo de gallina con el Oporto y la gelatina rehidratada. Verter la elaboración, que o debe estar demasiado caliente, encima del foie gras.

Pasar por el túrmix para obtener una crema untuosa y sazonar. Verter la mezcla en un bol colocado encima de hielo picado y batirlo con las varillas para montarla como “chantilly”.

Según la utilización que se le vaya a dar, la “chantilly” deberá sr más o menos firme.

Si la “chantilly” se separa, habrá que fundirla a fuego lento y volver a repetir la operación desde el principio.

“Créeme, te equivocas al menospreciar al arte culinario, la cultura depende de la cocina. En cuanto a mí, la única inmortalidad que deseo es inventar una nueva salsa”…
Oscar Wilde
Vera o el nihista, 1883

miércoles, 11 de junio de 2008

Malas cenas de una noche de verano

Ya llega el verano, por lo tanto el buen tiempo. Es una época en la que nos gusta salir a cenar, y si es posible en una agradable terracita frente al mar. Es verano, así que todo vale; pagamos lo que haga falta por cualquier cosa que nos comemos sin quejarnos.

Si de algunos debemos desconfiar es de los establecimientos dedicados al pescado y al marisco. Es habitual que nos vendan producto congelado por fresco. En caso que la cadena de frío no se rompa el producto no debe sufrir mucho, en el caso contrario se deteriorará bastante rápido. De todos modos, si pagamos por algo fresco debe ser fresco. El precio debe ir en consonancia con lo que nos sirven.

Gato por liebre; Gambas rojas de Garrucha como si fueran de Denia o de Palamós (y no es que tenga nada en contra de las almerienses). Sargos en lugar de doradas, normalmente cuando son a la sal, ya que no vemos al pescado porque nos lo limpia el camarero con el debido cuidado para que no nos demos cuenta. O servir mújol o corcón el lugar de lubina. Si nos quieren dar el cambiazo será para un pescado a la espalda, guisado o napado de alguna salsa. Nunca nos lo servirán con cabeza, sino en lomos ya que la cabeza es más redondita, y seguramente se servirá sin la piel, ya que es muy dura. Otro clásico es servir palometa o japuta en lugar del salmón. Las acedias en lugar de lenguados, o si verdaderamente son lenguados seguramente será congelado. Por supuesto de los chanquetes ni hablamos; o bien son inmaduros (un delito venderlo y una vergüenza comerlos) o son de los “chinos”, que da igual freír eso que un puñado de paja. Eso sí, los precios serán de los productos que en teoría estamos comiendo.

Los arroces son otro mundo del que se puede escribir mucho, aunque seremos breves. En muchos casos serán arroces del “paellador”, una vergüenza de arroz con un sabor industrial. En otros casos es a veces incluso peor. Unas paellas a base de productos congelados, polvos y colorante, vamos o mismo que las del paellador pero hechas en el restaurante.

Otro tema es el del personal, del que me gustaría escribir más adelante otra entrada con este tema. Personal sin ninguna formación cuya función será freír pescado, normalmente todo congelado por lo que el daño es menor. O bien frente a la plancha pasando pescados (y cuando digo pasando pescados me refiero especialmente al punto) o bien en la sala. Hay algunos chiringuitos en los que debes conformarte con que te atiendan, así que no pidas que lo hagan bien, ya debes dar las gracias y sentirte afortunado.

¿El turista es tonto? Yo creo que no. Cada año se quejan más los empresarios que se factura menos, que ya no hay tanta gente. ¿Tanto tiempo aprovechándose del “turista” no habrá hecho daño al sector? ¿No pagarán justos por pecadores? Porque no todos son tan malos (ni todos tan buenos).

lunes, 9 de junio de 2008

Joël Robuchon


La carrera de Robuchon es ejemplar desde todos los puntos de vista y puede servir de ejemplo a las nuevas generaciones de cocineros. Tres grandes cualidades constituyen la base de su éxito: la honestidad, el rigor y la discreción. Sigamos el recorrido sin tropiezos de ese gran chef del siglo XXI.

A los quince años, Joël Robuchon comienza su aprendizaje de cocinero en el Relais de Poitiers, abandonando sus primeras ambiciones de arquitecto. En julio de 1963, cuando llega su primera temporada, Robuchon entra como pinche en el Grand Hôtel de Dinard. En septiembre, marcha a París y tras trabajar en algunas casas, entra en la brigada de Berkeley. A los 25 años, obtiene su primer puesto de chef en la barcaza Ille de France.

Luego, tras un breve paso por el Frantel de Rungis, Robuchon recibe la consagración cuando abre, a los 29 años, en la Porte Maillot, el gran hotel parisino Concorde Lafayette. El éxito que corona su cocina y la organización de esa gran brigada lo conduce en 1978 al puesto de director de restauración del Hotel Nikko. Finalmente en 1981, Robuchon abre su propia casa: el Jamón

Hemos dejado para el final el nombre de quien fuera su padre espiritual, el buen amigo que guió sus pasos: Jean Delaveyne, maestro cocinero de Francia.

A lo largo de toda su carrera, Robuchon siempre ha asociado la necesidad de la administración culinaria al desarrollo del dominio técnico y estético. Así se edifica el estilo Robuchon, que se trasluce en todas sus creaciones.

Este éxito se construyo con un gran rigor, primera cualidad de Robuchon, lo cual le permitirá ganar innumerables concursos, Mejor Obrero de Francia en 1976 y triunfar en su restaurante. La honestidad constituye el otro elemento de su ascenso. A pesar del éxito fulgurante de su establecimiento, a pesar de obtener las tres estrellas Michelin en tres años y de sus numerosas exigencias mediáticas, Robuchon siempre está en el pase: todo lo que envía al cliente, pasa por su control. Para terminar, debemos hablar de la gran discreción de esta estrella culinaria, siempre encerrado en sus cocinas, entre sus cocineros, dejando la relación con los clientes en manos de sus empleados o de esposa.

Considerado el mejor cocinero del mundo, cede su corona a Ferran Adriá y se retira. Aunque no es un retirada total, ya que vuelve con fuerza abriendo varios restauarantes (Paris, Nueva York, Las Vegas, Tokio…)

viernes, 6 de junio de 2008

AVENTURA CULINARIA - LAS ALGAS (1/2)

AVENTURA CULINARIA - LAS ALGAS (2/2)

Me gusta de vez en cuando buscar el programa de Gastón Acurio "Aventura Culinaria". Aquí os dejo uno en el que habla de las algas, pero os recomiendo que busqueis más programas.

Espero que se diviertan.

jueves, 5 de junio de 2008

Ostras calientes al hinojo y curry

Ostras calientes al hinojo y curry

Receta de Jöel Robuchon, recogida en su libro Todo Robuchon.
Ingredientes para 4 personas
Preparación: 10 minutos
Cocción: 1 minuto + 5 minutos (salsa)

24 ostras gigas
2 escalonias grises
20 cl. de vino blanco
1 cebolla, ½ bulbo de hinojo
2 cucharadas de huevas de salmón
4 cucharadas de nata
1 pizca de curry
1 cucharada de cebollinos picado fino
1 cucharada de mantequilla, sal y pimienta
Cocotte, cazo

Saque las ostras de su cocha encima de un cuenco para recoger su agua. Pase esta agua por un colador muy fino, tapizado con papel absorbente. Deje a un lado
Pele y pique finas las escalonias. Póngalas en un cazo con el vino y una cucharadita de mantequilla. Lleve a ebullición 10 minutos.
Ponga las ostras bien juntas. Sobre la mezcla de escalonias y vino blanco, vierta el agua filtrada de las ostras. En cuanto rompa el hervor, encienda el fuego bajo la cocotte a media potencia y vierta esta salsa pasada por un colador de paso fino. Después de 30 segundos, dé la vuelta rápidamente a las ostras, espere de nuevo otros 30 segundos y después apague el fuego inmediatamente.
Saque rápidamente las ostras con una espumadera, repártalas en una fuente. Déjelas enfriar un poco y después córteles las barbas (las partes viscosas que rodean la ostra) con unas tijeras pequeñas.
Pele la cebolla y píquela finamente. Haga lo mismo con el bulbo de hinojo. En un cazo, funda una cucharadita de mantequilla. En cuanto haga espuma, deje rehogar 3 minutos a fuego medio la cebolla y el hinojo. Añada el caldo de las ostras, la nata y una pizca de curry. Lleve a un suave hervor durante cinco minutos. Salpimiente a su gusto. Corte en cubitos una cucharada de mantequilla bien fría.
Pase esta salsa a través de un colador fino sobre un cazo. Añada la mantequilla agitando con una cuchara de madera. Vuelva a meter las ostras y caliéntelas algunos instantes.
Saque las ostras con una espumadera. Reparta el cebollino y las huevas de salmón sobre la salsa, mezcle. Vierta sobre las ostras.

lunes, 2 de junio de 2008

Santi, el Canjop y algo más

Pues no tenía pensado escribir nada sobre Santamaría hasta que no me terminase de leer su libro, para poder justificar mis comentarios. Aunque camino del trabajo, sonaba en mi Ipod una canción de Loquillo que me recordó a Santi; Rock & Roll Star. Habla de que su productor le asegura que se convertirá en una estrella, que ganará mucho dinero y acaparará portadas, porque eso es lo que parece que busca el gran chef.

Siempre me ha gustado la forma de escribir de Santamaría, su estilo de cocina, su técnica. Cuando habla de su cocina es emocionante, es una persona que habla con pasión de su Sant Celoni, pero que se vuelve oscuro cuando menosprecia el trabajo de los demás para engrandecer el suyo. Lo siento, pero del mismo modo que hoy me apetece comerme un solomillo a la parrilla otro día me apetece un degustación en Calima, el Poblet o en Las Rejas. Deben existir todos los tipos de cocina, tradicional, molecular, tecnoemocional o como queramos llamarlas a cada una. Lo importante es divertirse en el trabajo (nosotros los cocineros) y que la gente se divierta y se emocione comiendo. Porque a día de hoy no me ha sentado mal comer gellan, metilcelulosa, xantana ni nada del estilo.

De todos modos es mejor no hablar mucho del tema porque eso hace más grande el ego de Santamaría, ese gran cocinero que nos ha decepcionado a muchos estos últimos días.

Un tema más interesante me parece la próxima edición del Canjop (Campeonato Nacional de Jóvenes Pasteleros) ya que el jurado de este Campeonato podrá otorgar a la figura artística (en chocolate o azúcar y de tema libre) un máximo de 60 puntos sobre un total de 180 puntos. Un notable cambio respecto a la anterior edición, cuando la pieza artística sumaba un máximo de 30 puntos sobre un total de 210 puntos. Por otro lado, el resto de las elaboraciones pierden protagonismo, llamando la atención el descenso de la valoración en la degustación de la tarta.

Se imaginan entrar en una pastelería porque allí trabaja la nueva promesa del mundo dulce, quedar enamorado de la decoración de la tienda, las piezas artísticas de caramelo expuestas y cuando se decide por una de las tartas, a cual mejor decorada y llega ansioso a casa resulta ser una vulgar tarta como la de cualquier otro sitio. ¿Debemos exigir a los jóvenes que se centren más en el apartado artístico que en el del sabor?

Aunque poco nos puede sorprender la Confederación Española de Empresarios y Artesanos Pasteleros (CEEAP), después del último escándalo en el MMAPE (Mejor maestro artesano pastelero de España). Con tres jóvenes realidades a un alto nivel como Puri Morillo (que iba apoyada por Torreblanca), Josep María Ribé (apoyado por Ramón Morató) y Dani (con pasteleria propia en Elche; Dalúa) le dieron el primer premio a un muy inferior Somoza (parece que la organización se sentía en deuda con él, ya que se había presentado varias veces, y ganó el premio para la tarta de los príncipes, auque éstos prefirieron confiar en Torreblanca).

Aunque que podemos esperar de una organización anclada en el pasado. Debemos aprender de Francia y en lugar de elegir tan sólo un pastelero cada dos años, debemos dar el premio a todos los que consigan una cierta puntuación. Aunque del mismo modo se debería actuar en el concurso de cocina. Porque el Bocuse d´Or también es para hablar largo y tendido...